Brujería Casera: La magia que vive en nuestra propia casa.
Por María del Rosario Soto Román.
Cuando pensamos en brujería, muchas veces nuestra imaginación se va directamente hacia grandes calderos, libros antiguos, velas negras y rituales realizados bajo la luna llena.
Pero la brujería también puede ser mucho más sencilla. A veces, desde un huerto humilde y a través de nuestras abuelas, aprendemos que la magia también puede comenzar en nuestra propia cocina.
La intención con la que cocinamos, las bendiciones que damos a los alimentos durante ese proceso, las hierbas que utilizamos y hasta la manera en que preparamos nuestra comida pueden formar parte de nuestras tradiciones y creencias.
Utilizar laurel para dar sabor a nuestros alimentos y, a la vez, asociarlo con la buena suerte.
Utilizar ajo para resaltar el sabor de una comida y, dentro de ciertas tradiciones, relacionarlo con la protección y el alejamiento de energías no deseadas.
La sal, además de condimentar nuestros alimentos, ha sido utilizada en muchas tradiciones populares como símbolo de limpieza y protección del hogar.
Una ramita de romero puede formar parte de preparaciones tradicionales para el cuidado del cabello, como añadirlo a un champú o preparar un enjuague. También puede terminar en nuestra cocina, dándole sabor a un pescado acompañado de sal y limón.
Una vela, incluso un simple cabo de vela, puede convertirse en una herramienta simbólica para acompañar una petición, una oración o aquello que escribimos con una intención determinada.
En Latinoamérica y el Caribe, nuestras abuelas también tenían sus altares. Algunas los adornaban con figuras y elementos católicos; otras conservaban símbolos, objetos y creencias provenientes de tradiciones ancestrales.
Un vaso de agua no solo servía para beber.
Dentro de algunas prácticas populares, también se colocaba debajo de la cama con la intención de recoger o absorber energías. Para quienes conocían estas tradiciones, la manera en que interpretaban el agua podía convertirse en una forma de reflexión sobre aquello que necesitaban hacer para cuidar su hogar o a sí mismos.
Una planta que cuidamos con nuestras propias manos también puede convertirse en parte de nuestro mundo mágico.
Elementos comunes que, dentro de determinadas tradiciones, pueden adquirir un significado completamente diferente cuando los utilizamos con una intención. Eso es, en parte, lo fascinante de la brujería casera.
No necesitas tener un laboratorio lleno de instrumentos mágicos. Muchas veces trabajamos con aquello que ya tenemos a nuestro alrededor.
La cocina puede convertirse en nuestro pequeño laboratorio. El jardín puede convertirse en nuestro herbolario. Una ventana puede ser nuestro lugar para observar la luna.
Y una vela encendida puede convertirse en un momento de concentración, reflexión o petición.
La magia, para muchas personas, comienza con la intención.
Y quizás ahí está uno de los aspectos más interesantes de la brujería casera: aprender a mirar lo cotidiano con otros ojos.
Porque para una persona puede ser simplemente romero.
Para otra, puede representar protección.
Para alguien más, puede representar memoria, limpieza o conexión con sus raíces.
El significado también forma parte de la magia.
Por supuesto, cada tradición tiene sus propias correspondencias, creencias y maneras de trabajar. No existe una única forma universal de hacer brujería casera.
Y precisamente por eso vale la pena conocer nuestras propias raíces, escuchar las historias que llegaron de nuestros abuelos y observar cómo las diferentes culturas fueron dejando sus huellas en nuestras prácticas populares.
En Puerto Rico, esa mezcla cultural es particularmente fascinante.
Nuestra historia está llena de plantas, remedios tradicionales, supersticiones, rezos, promesas, amuletos y creencias populares que fueron pasando de generación en generación.
Algunas personas las practican como espiritualidad.
Otras las consideran folklore.
Otras simplemente las recuerdan como aquellas cosas que hacía la abuela.
Quizás todas esas perspectivas pueden coexistir.
Porque la brujería casera también puede ser una manera de conectarnos con nuestra historia.
No se trata necesariamente de hacer algo espectacular. A veces se trata simplemente de preparar algo con intención. Encender una vela y sentarnos unos minutos en silencio. Cuidar una planta.
Limpiar nuestra casa mientras mentalmente dejamos ir aquello que ya no queremos cargar.
Preparar un baño de hierbas como acto simbólico de renovación.
Esos pequeños actos pueden convertirse en rituales personales.
Y tal vez esa sea una de las formas más antiguas de magia:
tomar algo cotidiano, darle intención y convertirlo en significado.
La brujería casera no tiene que vivir escondida en un castillo oscuro.
Puede vivir en nuestra cocina.
En nuestro jardín.
En nuestras manos.
Y, sobre todo, en nuestra manera de mirar el mundo.
Porque también puede vivir en nuestro corazón: en esas intenciones que nos impulsan a modificar, transformar y cambiar nuestra vida con propósito.

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